Aunque se trasladó a Inglaterra para recibir estudios académicos, a la muerte de su padre en 1880 Percy Fitzpatrick regresó a Sudáfrica donde pasaría a ser el cabeza de familia. Con esta obligación a sus espaldas se emplearía en diferentes trabajos para sacarla adelante, entre ellos el de almacenista, ayudante de buscador de oro y periodista, además de ser transportista en carreta de bueyes desde Lourenço Marques hasta Lydenburg y Barberton. Y son estas vivencias las que traslada al libro cuyo protagonista es su perro Jock que, habiendo sido un cachorro debilucho, feo y poca cosa, cría de una bull terrier, llegaría a convertirse en uno de los mejores perros de caza.
Intrépido e inteligente, Jock fue un perro leal y su recuerdo entrañable inspiró cuentos que Fitzpatrick contaba a sus hijos antes de dormir. Esta anécdota, y a instancias de sus propios hijos, llevaría al autor a recogerlos en un libro que publicaría en 1907.
Cada uno de los capítulos relata las distintas aventuras protagonizadas por Percy y Jock, casi siempre en torno a la caza mayor como único medio de subsistencia durante el transporte de mercancías a través de la sabana africana. A partir de estas historias, Fitzpatrick expone un cuadro repleto de detalles sobre los pioneros, la naturaleza salvaje y exuberante, la riqueza faunística de la región, las tribus, los nativos, los colonos blancos, las costumbres y el orden social. Y junto a todo esto la inestimable compañía de los perros de caza para hombres solitarios, exploradores, en constante movimiento, sorteando peligros, dificultades, movidos por un impulso irracional, impetuoso e irresistible, siempre en permanente búsqueda en una tierra inhóspita y salvaje, pero tremendamente atractiva.
Para poder ver el vídeo pinchar aquí: Jock, un perro sudafricano














