Takao Ueda tiene ahora cuarenta y tres años. Junto a su esposa Michiko, de la misma edad y antigua compañera de clase, ha regresado desde Tokio a Rokugawa, una pequeña aldea en las montañas, dispuestos a instalarse en ella. Allí nació y fue criado por su abuela materna. Su madre falleció cuando tan solo tenía tres años y tiempo después su padre se trasladaría a Tokio para rehacer su vida. Cuando Takao terminó la escuela primaria su padre le reclamó a su lado para que siguiera estudiando en la ciudad, limitando su estancia en la aldea a los periodos vacacionales. De carácter tímido, fueron escasas las amistades que forjó entre sus compañeros de escuela hasta que apareció Michiko, una niña amable y seria de su clase con la que enseguida compartió inquietudes, amistad y amor. Se casaron cuando Michiko terminó medicina y Takao la carrera de Letras. Su ilusión era llegar a ser escritor y a eso dirigirá todo su esfuerzo, pero tras un primer premio, el síndrome de la hoja en blanco se instala en su producción literaria. Michiko, por su parte, logra ser una exitosa internista en el hospital público, pero un aborto espontáneo la sume en una depresión difícil de superar. El traslado a Rokugawa podría ser para ellos un empezar de nuevo gracias a la tranquilidad que ofrece la naturaleza, la espiritualidad de la anciana del salón Amida de la aldea, y la fortaleza vital de Sayuri Ishino, una joven enferma por un sarcoma de garganta.
Keishi Nagi escribe una novela amable, cargada de valores como la fidelidad, la amistad, la religiosidad, el amor conyugal, la esperanza, el respeto a los mayores y a los difuntos, la sencillez, la austeridad, etc.
Los personajes evolucionan correctamente y, aunque con diferencias culturales propias, el autor es capaz de retratarlos con intereses de carácter universal. Es un libro que merece la pena leerse.





















