Las obras de Norah Hoult fueron censuradas en Irlanda entre 1940 y 1950 por considerarse que sus escritos no se atenían a las normas morales y sociales establecidas. En No había ventanas (1939), la protagonista, Claire Temple, está inspirada en la escritora Violeta Hunt, veinte años mayor que Hoult y de la que fue vecina durante su residencia en Londres. De alguna manera, ella misma se vería reflejada en este personaje moralmente poco convencional cuyo final le llevaría a considerar la fragilidad de la vida y los límites de la mente.
Claire Temple es una anciana de unos ochenta años y con las facultades mentales claramente deterioradas. Antaño había sido reconocida como escritora y su vida disoluta de amores ilícitos y en ocasiones patéticos, y su relación con el mundo artístico que había disgustado a su familia, ha desaparecido. En su vieja casa de Londres, testigo de reuniones y fiestas con literatos, actores e intelectuales, solo ha quedado una gata callejera y la cocinera, una joven irlandesa inculta y descarada. Aunque ajena a los acontecimientos de la guerra recién iniciada, las ventanas de su casa deberán quedar veladas para eludir los bombardeos. Sin embargo, ella no teme a las bombas. Su miedo está focalizado en la soledad y a que, dándola por loca, la recluyan en un manicomio. Los recuerdos se harán presentes una y otra vez, mientras que el momento actual caerá fácilmente en el olvido haciéndose repetitiva, recurrente e insistente, colmando la paciencia de las pocas personas que la tratan. Los vaivenes de su memoria, con algún momento de lucidez, "le hace ir como una persona ciega que trata de entrar y salir de los sitios a tientas".
Claire Temple es una anciana de unos ochenta años y con las facultades mentales claramente deterioradas. Antaño había sido reconocida como escritora y su vida disoluta de amores ilícitos y en ocasiones patéticos, y su relación con el mundo artístico que había disgustado a su familia, ha desaparecido. En su vieja casa de Londres, testigo de reuniones y fiestas con literatos, actores e intelectuales, solo ha quedado una gata callejera y la cocinera, una joven irlandesa inculta y descarada. Aunque ajena a los acontecimientos de la guerra recién iniciada, las ventanas de su casa deberán quedar veladas para eludir los bombardeos. Sin embargo, ella no teme a las bombas. Su miedo está focalizado en la soledad y a que, dándola por loca, la recluyan en un manicomio. Los recuerdos se harán presentes una y otra vez, mientras que el momento actual caerá fácilmente en el olvido haciéndose repetitiva, recurrente e insistente, colmando la paciencia de las pocas personas que la tratan. Los vaivenes de su memoria, con algún momento de lucidez, "le hace ir como una persona ciega que trata de entrar y salir de los sitios a tientas".
Norah Hoult escribe de una manera brillante una historia desoladora sobre la vejez y sus consecuencias tanto en quien la protagoniza como en quienes han de atender a la persona que la padece. Los distintos personajes serán reflejo de esas vivencias manifestando cada uno, según su propia personalidad, incomprensión, conmiseración, paciencia, egoísmo, ignorancia, miedo o ternura.
El título, muy bien traído, viene a ser una metáfora del encierro en sí misma de la protagonista y sin salida posible. Como es habitual en la autora, Norah Hoult retrata una situación, una sociedad y una época concreta, pero con manifestaciones universales. Podréis constatar su calidad literaria. Espero que os guste.
Páginas: 336

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