En esta ocasión, el día de Navidad de 1901, el prestigioso, algo excéntrico y amante de la soledad sir Gabriel Ward tiene que enfrentarse de nuevo a un misterio dentro de los muros de Inner Temple. Sir William Waring, tesorero de la Institución, ha recibido una caja sin remitente con una mano humana y una nota dentro. Poco después otros dos abogados reciben una caja cada uno con un pie y un dedo respectivamente, y finalmente, el clérigo que lleva casi cincuenta años a cargo de la iglesia de Inner Temple, recibe una oreja provocándole la muerte por infarto por la fuerte impresión que le causa. Junto a todo esto, sir Gabriel es requerido además por la famosa actriz Topsy Tillotson para que la defienda contra un periódico sensacionalista por difamación. A instancias de sir William Waring todo ha de llevarse con la máxima discreción de manera que ni la policía ni los periodistas lleguen a enterarse de los sucesos preservando así la centenaria honorabilidad de Inner Temple.
La autora escribe de una forma agradable y con un estilo, formas de hacer y de decir propios de principios del siglo XX. Varios son los sucesos que se cruzan y el protagonista tendrá que intentar resolverlos encontrando y dando sentido a cada una de las piezas del puzle.
Los caracteres están bien perfilados en los personajes. La personalidad de sir Gabriel recuerda de algún modo al “Poirot” de Agatha Christie.
Sally Smith pone de manifiesto la hipocresía, el clasismo, la fatalidad de las malas compañías, la ambición, la envidia, el honor, la justicia, la amistad, etc. Aunque toca temas morales, intenta darles una salida congruente y amable y no utiliza imágenes escabrosas. La novela se encuadra así dentro del cozy crime, un subgénero de la novela de misterio en el que se incorpora el humor y notas más agradables de leer.




