Víctor Català (L’Escala, Girona, 1869 – 1966) es el pseudónimo utilizado por la escritora Caterina Albert i Paradís. Perteneció a la corriente cultural del naturalismo y el modernismo catalán de los primeros años del siglo XX. Aunque no tuvo una educación reglada, cultivó también la poesía, el teatro, el cine, el deporte, la pintura o la danza. Siempre escribió en catalán y bajo pseudónimo masculino que no escandalizara a quienes consideraban sus obras demasiado atrevidas para haberlas escrito una mujer. De esta autora ya reseñé en este blog Un film.
Perteneciente a una acomodada familia de terratenientes, conoció bien las costumbres y modos de vida de las gentes rurales como refleja en muchos de sus escritos. Es el caso de esta recopilación de doce relatos que constituyen Dramas rurales (1902). Todos ellos son tremendamente originales y cargados de fuerza. Ya en el inicio del libro Víctor Català escribe bajo el título de Ruego: “perdóname, ¡oh tú, damisela ciudadana!, si por azar cae en tus manos de nácar, anémicas y gráciles, este librote pesado; perdóname y déjalo enseguida, pues no está hecho para ti: está hecho para manos más valientes y gustos más lóbregos”.
Casi todos los relatos están ambientados en la dura tierra del Ampurdán. Sus habitantes, pegados al terruño que solo les da el fruto necesario para sobrevivir, no albergan más intereses que los propios, ni más esperanza que tener más que el vecino. Lejos de ser protagonistas de una vida bucólica entre árboles frutales y viñedos, de almas inocentes y campechanas, constituirán un muestrario de miserias, amarguras, crueldades o desafectos.
Más asombroso resulta cuando el preámbulo de estas oscuridades la autora lo adorna de ricas metáforas y diminutivos, con una narrativa exquisita, adentrándose en ternuras que no preparan para el mal golpe que se dispone a asestar.
Es recurrente el protagonismo de la mujer y la visión amarga, inmisericorde, pesimista del individuo y la sociedad rural abandonando toda idealización de las buenas gentes de campo.
Con un estilo narrativo magistral, Català escribe sobre la miseria, la locura, la violencia, el cuidado o descuido del entorno, el destino, la pobreza, los desafectos familiares, etc. Todo remite a un fatalismo casi siempre inevitable, y aún deja hueco para algún gesto de nobleza vergonzante.
Espero que os atreváis a leer este magnífico libro y que disfrutéis con ello.
Páginas: 210

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