Amélie Nothomb no es nueva en este blog. Ya os he comentado en otras entradas de esta autora mi afición a algunas de sus novelas. Su humor ácido y la capacidad de hacer una aventura de lo más cotidiano o anodino me resultan especialmente atractivos.
He querido proponeros estas dos novelas juntas porque la segunda puede ser continuidad de la primera, o más bien su explicación, o una especie de redención de la autora ante su inexplicable actuación en Ni de Eva ni de Adán.
Como suele ser habitual en las obras de Amélie Nothomb, estas dos también tienen tintes autobiográficos. Hija del embajador de Bélgica en Japón, Amélie nace en el país nipón en 1967. A los cinco años un nuevo destino de su padre la obliga a abandonar el maravilloso país de su infancia al que siempre querrá regresar. En enero de 1989, consigue volver con el afán de retomar el idioma y poder trabajar en una importante empresa japonesa, experiencia que más tarde le proporcionará la trama de Estupor y temblores, una novela que ya os propuse en su momento.
Una vez instalada en Tokio y hasta conseguir el trabajo deseado decide ofrecerse como profesora particular de francés para conseguir algunos ingresos adicionales. Así conoce a Rinri, un joven de veinte años de familia adinerada con el que al poco tiempo iniciará una relación amorosa. Durante dos años disfrutan de su mutua compañía hasta que la propuesta matrimonial por parte de Rinri determina su vuelta a Bruselas.
En esta novela, como en Nostalgia feliz, la autora narra con un estilo ágil, elegante y poético. Su admiración por la cultura japonesa la lleva a querer identificarse con lo más genuino del país hasta diluirse en él. No aparca su estilo humorístico, a veces exagerado, aunque en esta ocasión es más elaborado, con numerosas referencias metaliterarias que despiertan el interés de la trama.
Como os indicaba al principio os recomiendo que leáis los dos libros seguidos para entender mejor la intención de la autora. Los dos tienen un marcado cariz autobiográfico en los que Amélie Nothomb permite que se la conozca de una manera más cercana que en otros de sus libros.
Espero que disfrutéis con su lectura.
Páginas Ni de Eva ni de Adán: 173
Páginas La nostalgia feliz: 144
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