Tren a Samarcanda está ambientada a finales de 1923 cuando la Revolución Rusa había conseguido crear la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS); pero todos los acontecimientos políticos y bélicos que tuvieron lugar pronto pasaron factura a una población empobrecida. La falta de cosechas por un largo periodo de guerras y sequías, ocasionó una hambruna severa difícil de paliar en la región del Volga, sobre todo entre la población infantil. En muchos casos, las imprudencias de las administraciones locales, que reconocieron los problemas demasiado tarde, contribuyeron a la tragedia y a una degradación moral generalizada.
Guzel Yájina, escribe una novela épica. Los personajes protagonistas de la tragedia reflejan una situación realista y creíble con una narración que incluye pasajes oníricos de gran belleza dentro del dolor que trasmiten. A pesar de lo penoso de la situación, la autora no da a la maldad un valor definitivo. Se adentra en el corazón humano y todas sus posibilidades. "La gente ha sido creada para vivir", dirá Déyev reflexionando sobre lo que se le presenta a la vista. A pesar de estar cosechando lo sembrado por el hambre, la destrucción y la guerra, el amor siempre tiene la última palabra y todo hombre es capaz de conmiseración.
Durante el viaje los protagonistas tendrán ocasión de reflexionar sobre sus propias vidas como crecimiento personal intentando dar sentido a los motivos que les llevan a actuar de una u otra manera, como un modo de salvarse a sí mismos.


