Se aficiona a Hemingway, Virginia Woolf, Salinger, Jaime Joyce, Kafka, etc., y a la par comenzará a escribir en foros literarios sin demasiadas pretensiones, simplemente como un modo de salir de sí mismo y contar tal cual su propia realidad. En 2011 regresa al trabajo. El tiempo de leer y escribir se limita y las jornadas laborales vuelven a ser interminables. Publica varios artículos en internet que llaman la atención de dos editores del colectivo Instance que le animan a escribir un artículo sobre tres de sus experiencias laborales, para pasar posteriormente a la publicación de El repartidor de Pekín, un libro que además de incluir como capítulos iniciales esas tres experiencias, añadirá su recorrido por el resto de sus trabajos.
Hu Anyan, a pesar de la carga subjetiva que puede llevar la narración por su propio punto de vista y su vivencia personal en lo que cuenta, intenta limitarse a narrar cosas tal como ocurrieron de manera imparcial y fiel a los hechos.
El autor consigue plasmar con su historia personal la importancia de la resiliencia y la convicción para no dejarse aplastar por un mundo materialista de gran agresividad.
La lectura y la escritura han sido medios para forjar su espíritu y adquirir seguridad y madurez consiguiendo mantenerse leal a sus principios.
Pone el toque de atención en un comercio despiadado donde cualquier trabajador es simplemente una pieza susceptible de ser reemplazada en el engranaje de una sociedad de consumo despiadada.
A pesar de todo, el autor se inclina por la gratitud, por ver el lado más positivo de las cosas evitando cualquier sentimiento de rencor, por la búsqueda de la libertad y la verdad como un recorrido necesario para dar sentido a la propia vida.
Hu Anyan, a pesar de la carga subjetiva que puede llevar la narración por su propio punto de vista y su vivencia personal en lo que cuenta, intenta limitarse a narrar cosas tal como ocurrieron de manera imparcial y fiel a los hechos.
El autor consigue plasmar con su historia personal la importancia de la resiliencia y la convicción para no dejarse aplastar por un mundo materialista de gran agresividad.
La lectura y la escritura han sido medios para forjar su espíritu y adquirir seguridad y madurez consiguiendo mantenerse leal a sus principios.
Pone el toque de atención en un comercio despiadado donde cualquier trabajador es simplemente una pieza susceptible de ser reemplazada en el engranaje de una sociedad de consumo despiadada.
A pesar de todo, el autor se inclina por la gratitud, por ver el lado más positivo de las cosas evitando cualquier sentimiento de rencor, por la búsqueda de la libertad y la verdad como un recorrido necesario para dar sentido a la propia vida.
Espero que os resulte interesante.
Páginas: 288